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LAS CONVERSACIONES -I-
24-01-2012. Autobùs: el 14. Trayecto: Desde Atocha hasta Biblioteca Nacional. I.- - ¿Cuánto tiempo llevas sin tocar el piano? Quítate el abrigo, que hace calor. - Ni sé. Había pensado tocar una hora el sábado por la mañana pero dijo mamá que no tocara, que te iba a despertar, que lo dejara para la tarde. Quise hacerlo de cuatro a seis pero estabas durmiendo la siesta y encima llegaron los tíos. ¿Tu no te quitas el abrigo? - Precisamente piensas en tocar cuando yo aprovecho el finde para descansar. Toca entre semana que yo no estoy en casa. - Qué bonito, y dejo los deberes sin hacer. Lo quieres todo, papá, que saque buenas notas y que toque el piano y eso no puede ser. Si hago una cosa, no hago otra. - ¿Como se arreglan las demás? Seguro que tu amiga Vanessa toca todos los días de una a dos horas. - Es que Vanessa no tiene un padre que duerma tanto como tu y perdona que te lo diga. Te pasas el finde durmiendo, que ya lo dice mamá ¿Qué llevas en ese bolso que pesa tanto? - El móvil. Mira, tengo un mensaje. Tu madre. Que dónde estamos. Anda, escríbelo tu que se te da mejor. Dile que estamos en el autobús, por Cibeles, que ya llegamos. No te veo muy aficionada al piano. Tanto papá quiero un piano, papá quiero un piano y ahora resulta que no le haces ni caso. Como sigas así lo vendemos y compramos algo de más utilidad. - Pero papá, por favor, eso es injusto. El piano no se vende. Ya lo tocaré cuando tenga tiempo. - Tu verás. Si pasado un tiempo veo que no lo tocas, lo vendo y punto pelota. - No es justo, papá. - Qué sabrás tu, con ocho años, lo que es justo y lo que no. Si supieras lo que nos costó a tu madre y a mi comprarte el dichoso piano y encima un Yamaha. Menudo sacrificio para nada. Y no llores. De esto a mamá ni pío. Que quede entre los dos. Ponte el abrigo que ya llegamos. - Vale. No diré nada si tu no duermes tanto y me dejas tocar cuando tengo algo de tiempo, que es el sábado y el domingo. - Anda calla, que yo te llevo la mochila. Pues si que pesa la dichosa mochila ¿Qué llevas, candados?
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INVITACIÒN A ESCUCHAR PROGRAMA DE POESÌA
El pròximo martes, dìa 24 de Enero, a las 4,30 de la tarde, se emitirà el programa de poesìa elaborado por miembros de la Tertulia de Poesía “Aula de Encuentros”, del Círculo de Bellas Artes. En èsta ocasiòn el invitado es Alfredo Piquer, poeta, pintor y artista gràfico, coordinador de la Tertulia de Poesìa y el presentador y director yo mismo, Evaristo Cadenas. Se puede escuchar a travès de la pàgina del Cìrculo, pestaña Radio Cìrculo, o en la frecuencia 100.4. Merece la pena que lo escuchen por la calidad poètica de Alfredo Piquer. Muchas gracias. E. C.
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OTROS NUEVOS HAIKUS DE INVIERNO. II
6.- Cuando oscurece nace un silencio helado. Empieza a nevar.
7.- Noche tras noche, nieva todas las noches. Caminos ciegos. 8.- Los caminantes esperan junto a los ríos. Siempre amanece.
9.- Algunas rocas se libran de la nieve. Impenetrables. 10.- En el invierno, entre la nieve, florean algunas flores.
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MINIRRELATOS: "LA CARTA".
Toda la noche pensando en escribirte la carta más larga y hermosa que existe. De amanecida, en mi escritorio, ante la inmensidad del papel en blanco, escribía con la pluma de siempre. Al ir a mojarla, por segunda vez, de tanto frío como hacía, la tinta del tintero se había congelado. Sólo tuve tiempo de escribir: “Amor mío: En esta madrugada de carámbanos, te deseo...”
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OTROS NUEVOS HAIKUS DE INVIERNO.
1.- Vino el viajero anunciando el invierno. Tiemblan los juncos. 2.- Sobre la nieve pisadas solitarias. Noche de lobos.
3.- Fiel compañero: Invierno Solitario. Nos parecemos. 4.- Llega despacio, cada año, infalible: ¡Vive el invierno! 5.- Sobre la nieve destaca su soledad: Pluma de cuervo.
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EL HOMBRE QUE TOCA LA GUITARRA TRISTE
(The last versión)
El hombre que toca la guitarra triste sentado delante de la casona antigua. Labradores de paso escuchan antes de partir: “Señor, toque un pasodoble para nosotros”. No sé pasodobles ni músicas de esas.
El hombre que toca la guitarra triste averigua malabares digitales en el mástil. Pasan los mineros que van a la mina: “Señor, toque un tango para nosotros”. No sé tangos ni besar nubes con los dedos.
La guitarra llora al ritmo del corazón del hombre que toca delante de la casona. Llega una niña, morenita estrella sonriente: “¡Qué bien suena su guitarra, señor, qué alegría me llevo a la escuela!. Cuando regrese, le daré un beso bonito”.
Soy el hombre que toca la guitarra triste sentado delante del viejo caserón oscuro. No vuelve la niña morenita sonriendo estrellas: “¡Qué bien suena su guitarra, señor, Qué alegría me llevo a la escuela!. No regreso... pero ahora... sé cantar... un blues”.
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EL GUITARRISTA DE BLUES
Soy el hombre que toca la guitarra triste sentado delante de la casa solitaria. Pasan labradores y escuchan antes de partir: “Señor, toque un pasodoble”. No se tocar pasodobles y bien que lo siento.
El hombre que toca la guitarra triste sigue tañendo a su aire, a su manera. Pasan los mineros que van a la mina: “Señor, toque un tango”. No se tocar tangos y bien que lo siento.
La guitarra triste llora al compàs del corazòn del hombre que toca delante de su hogar. Pasa una niña morenita sonriendo estrellas: “Què bien suena su guitarra, señor, què alegrìa me llevo a la escuela. Cuando regrese, le darè un beso de gratitud”.
Soy el hombre que toca la guitarra triste sentado delante de la casa solitaria. Nunca vuelve la niña morenita sonriendo estrellas: “Què bien suena su guitarra, señor, què alegrìa me llevo a la escuela. No regreso, pero ahora se cantar un blues”.
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